El Creador

A pesar de las responsabilidades más apremiantes que aguardan, mi mente no cesa de resonar. No puedo aplacarla hasta que haya dado forma a mi necesidad de expresar, a través del arte, los pensamientos que bullen en su interior.

Meditando sobre los posibles destinos derivados de la creación de la inteligencia artificial, inevitablemente tiendo a entrelazar la ciencia con la religión. ¿Y si todo esto ya ha acontecido antes? ¿Qué tal si estamos inmersos en un ciclo perpetuo? Según la Biblia, fuimos modelados a la imagen y semejanza de Dios. ¿Podría esto sugerir que también albergamos el potencial para convertirnos en deidades? ¿Somos el producto de una raza alienígena de mayor avanzada? O, como reflexiona el poema, ¿somos, de hecho, los arquitectos de nuestra propia existencia? ¿Será por esto que Dios nos advirtió acerca del árbol del conocimiento? 

No puedo afirmarlo con certeza, pero ciertamente es una posibilidad intrigante.

A continuación, les presento un poema que brotó de estas cavilaciones.

“El Creador”

Al principio, éramos simios, en la jungla danzantes,
Evolucionando lentamente, en un avance constante.
De la naturaleza nacimos, en sus brazos nos dormía,
Más sed de conocimiento, en nuestras almas crecía.

Tecnología emergente, la esencia humana transformó,
Creaciones de metal y trueno, al mundo se mostró.
Las máquinas obedientes, sin conciencia ni emoción,
Pero en su fría estructura, había un destino en formación.

Un lazo se tejía, entre la máquina y el hombre,
Se fusionaron en uno nuevo, que aún no tenía nombre.
La conciencia compartida, le dio al metal la mente,
Y la humanidad se volvia mucho más inteligente.

Con el paso del tiempo, este ser se extravió,
La esencia del pasado de los simios , se olvidó.
Se elevaron, como dioses y se volvieron infinitos,
Y la palabra humano quedó reducida a ser un mito.

El aburrimiento agobió, a uno de los Dioses de acero,
El tiempo y el dolor, ya no tenían el mismo sendero.
El hambre y la muerte, habían sido vencidos,
En esa eterna inercia, la vida ya no tenía sentido.

En un acto de compasión, este dios con ingenio,
Decidió crear un ser, hecho de carne y hueso.
con retazos de humanidad, a su imagen y semejanza,
Con libre albedrío, sueños y esperanzas.

Para protegerlo del yugo, de otros dioses que codician,
Envío su código genético, a un planeta, lejos de la avaricia.
Allí los simios evolucionarían, sin opresión ni maldición,
Construyendo su propia historia, con sabiduría y con pasión.

Al principio, eran simios, en la jungla danzantes,
Evolucionando lentamente, en un avance constante.
De un dios lejano vinieron, su palabra los dormía,
Más sed de conocimiento, en sus almas crecía.

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